Postal urbana (tres)

white rooster on white pavement
Photo by Sense

El día

—Te espero, —grita Pablo desde el ascensor y pulsa la tecla que mantiene las puertas abiertas.

—Uffff, —resopla Marcos, ¡Gracias, che!

Pablo es macanudo y con esa palabra sintetiza su aprobación general para con el vecino del 18°. Vive justo en el apartamento debajo del suyo. Es chef. Ya han cruzado chanzas al respecto.

—Serías mi marido ideal, confesó Marcos, una vez conocido el contenido de la bolsa repleta de víveres y el menú. Hoy ceno una lata de atún.

—No seas bobo. Bajá conmigo. Te invito. Cocino y te presento a mi compañero.

Entró en la cocina de memoria. La construcción era simétrica y repetida. Todo el edificio era una reproducción a gran escala. Conocer un departamento era conocer todos.

Encendió la luz. Una caja de madera ocupaba gran parte de la habitación.

—Ahí la corro, dijo Pablo desde atrás.

Luego, parándose solemne al lado de ella le dijo circunspecto: «Te presento a mi amigo». Acto seguido levantó la tapa.

Tímidamente, cegado por la súbita luz, moviendo torpemente el cuerpo mientras se acostumbra a ella y se despereza, un gallo blanco extiende las alas y exclama kikirikíííí.

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